En este momento, Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun aparecen en la casa de Saori y se dan con la sorpresa de la presencia de estos intrusos. Atlas le indica a Seiya, que a partir de este momento, él y los otros Santos de la corona se encargaran de la protección de Abel y Atenea. Luego de presentarse cada uno, les hacen notar la presencia de otros invitados "especiales". Los Santos de Oro que murieron en la batalla de las doce casas también se encuentran ahí, resucitados por el poder de Abel.
Seiya se resiste a abandonar el lugar, dejando sola a Saori, y por ello es atacado por Atlas. Sin embargo, Saori ratifica su deseo de que Seiya y los demás no peleen más y que su protección estaría a cargo de los Santos de la corona y de los Santos de oro resucitados. Luego abandona el lugar con Abel.
En la casa de Seiya, los Santos de bronce, consternados discuten acerca de lo sucedido y sobre todo Seiya quien se rehúsa a aceptar esta situación. Desperado huye sólo y llora amargamente.